La experiencia de muerte es, según lo describen quienes vivieron este momento, la situación cuando el alma sale del cuerpo preparada para partir a otra vida, en un plano mas sutil. Sin embargo, hay señales que le indican al alma que aún no es momento de abandonar al mundo de los vivos, logrando que aquellas personas sobrevivan, y estén aquí, para contarnos ¿será tan solo parte de un mensaje para que nosotros comprendamos mejor el significado de nuestras vidas?
Este es el caso de Anita Moorjarin, una ejecutiva empresarial de origen indio, que trabaja en Hong Kong.
Fue horrible el trabajo del médico que tuvo que darle la pésima noticia. Ella padecía de una rarísima enfermedad, se trataba del síndrome de Hodgkin, un agresivo cáncer que ataca al sistema linfático de la víctima.
Sin importar los tratamientos que había realizado, habían pasado cuatro años y su situación no mejoraba, se encontraba aún peor. Debía desplazarse a través de una silla de ruedas, y necesitaba un respirador artificial para poder respirar.
En febrero de 2006 ella cae en coma y es entonces cuando los doctores le comunicaron a su familia que lastimosamente le quedaban como máximo 36 horas de vida al paciente.
Fue en ese momento en que ella entra en la experiencia de muerte. Así mismo como sucede durante el desdoblamiento astral, ella recuerda sentir a su alma desprendiéndose de su cuerpo, y fue ahí cuando pudo ver a su cuerpo en la camilla y a los profesionales que la rodeaban desde el techo. También pudo ver a su marido Danny y a su acongojada madre. Sus declaraciones fueron:
"Estaba en el umbral entre la conciencia y la inconsciencia, pero de pronto sentí que mi espíritu ya no estaba en mi cuerpo. Me sentí realmente bien, pero podía ver como la doctora le decía a Danny: “el corazón de su esposa puede seguir latiendo, pero ella no está allí realmente. Es demasiado tarde para salvarla. Sus órganos ya están dejando de funcionar y es por esto que ha caído en un coma. Ella no va a lograr pasar la noche. Cualquier cosa que le administremos en este estado puede ser demasiado tóxica y fatal para su cuerpo, sus órganos ni siquiera están funcionando.
“mi madre y mi esposo parecían tan asustados que les dije: “no lloren por mí, yo estoy bien”: Pensé que yo estaba diciendo esas palabras en voz alta, pero nada se oyó. No tenía voz. Quería abrazar a mi madre y a mi esposo, consolarlos y decirles que estaba bien, que no sentía nada de dolor, pero no comprendía porque mi cuerpo físico yacía allí, sin vida y sin energía. Todavía estaba consciente y lúcida de cada detalle que se desenvolvía ante mí, mientras observaba al equipo médico transportar mi cuerpo casi sin vida a la unidad de cuidados intensivos, conectándome a las máquinas e insertándome agujas y tubos. En ese momento no sentí ningún apego a mi cuerpo casi inerte mientras yacía en la cama del hospital. No sentía que fuera mío. Se veía demasiado pequeño e insignificante como para contener aquello que estaba experimentando. Me sentí libre, liberada y magnificente. Cada dolor, molestia, tristeza y sufrimiento habían desaparecido. Estaba totalmente libre de cargas y no podía recordar haberme sentido así nunca antes.
Luego tuve una sensación simultánea, de cruzar a otra dimensión y estar abarcada o contenida por algo que sólo puedo describir como puro amor incondicional; pero inclusive la palabra amor no le hace justicia. Era la más profunda forma de dar amor que nunca antes había experimentado. Iba mucho más allá de cualquier forma de afecto físico que podamos imaginarnos y era incondicional: Era mío, sin importar lo que yo hubiera hecho jamás. No tenía que hacer nada o comportarme de cierta manera para merecerlo. Este amor era para mí, sin que nada importara. Me sentí completamente bañada y renovada en esta energía que me hacía sentir como si yo perteneciera allí, como si finalmente hubiera llegado después de años de lucha, dolor, ansiedad y miedo”.
En ese momento, Anita se sentía relacionada con todo lo que la rodeaba. Se sentía unida a la totalidad. Sentía que ella era el todo y el todo era ella. “Es algo muy difícil de explicar simplemente porque las palabras adecuadas no existen. Muchos seres que ya habían muerto, incluyendo mi padre y mi mejor amiga, que había fallecido precisamente de cáncer el mismo año en que a mí me diagnosticaron la enfermedad, me rodeaban. No reconocí a los otros seres, solo sabía que me amaban mucho y que me protegían. También experimenté una claridad extrema del sentido de la vida, el esquema magnífico de las cosas y por qué tenía el cáncer. Entendí también el regalo que es la vida, y las posibilidades asombrosas que nosotros, como seres humanos, somos capaces de realizar durante nuestra vida física”.
“Descubrí que nosotros mismos, con nuestro amor, actitud y energía, instalamos el cielo o el infierno en la tierra. Así que mi nuevo propósito ahora sería vivir el cielo en la tierra usando esta nueva comprensión, y también de compartir este conocimiento con la gente. Me hicieron entender que no era mi tiempo, que si elegía quedarme aquí, no experimentaría muchos de los regalos que el resto de mi vida física todavía me guardaba. También comprendí que si elegía volver, mi cuerpo se curaría muy rápidamente, pues entendí que las enfermedades comienzan en un nivel energético antes de que lleguen a ser físicas”
“Si elegía volver a la vida, el cáncer desaparecería y mi cuerpo físico se recobraría muy rápidamente. Entendí que cuando la gente tiene tratamientos médicos para las enfermedades, cura solamente la enfermedad de su cuerpo pero no su energía, así que la enfermedad vuelve. Entendí que si yo volvía a la vida, volvería con una nueva energía, más sublime, sana y pura. Me demostraron que todo lo que sucede en nuestras vidas dependía de esta gran energía que se encuentra alrededor de nosotros y creada por nosotros. Gracias a este gran amor incondicional que sentía y que me rodeaba, me pronto me sentí muy poderosa, y visualicé un futuro donde yo regresaría de nuevo a la vida y vencería el cáncer en cuestión de días y que, al contrario de lo que decían los doctores, tendría una vida muy larga”.
Anita despertó, e inmediatamente los médicos ordenaron realizarle una biopsia para constatar el estado del cáncer y así darle sesiones de quimioterapia. Sin embargo, todos quedaron sorprendidos al notar que el cáncer había desaparecido sin dejar rastros.
“La primera vez que caminé hacia un grupo de personas después de salir del hospital, todos se asombraron. Me miraban como si hubieran visto a un fantasma. No podían creer cómo me había recuperado tan rápido, pues cada uno de ellos pensó que yo iba a morir. Entonces compartí mi experiencia y algunos de ellos me dijeron posteriormente que yo les había cambiado sus vidas”.
El insólito caso de Anita Marjoorin, que aún no puede ser explicado por la ciencia médica, inspiró un libro escrito por ella misma llamado “Dying to be me” (“Morí para ser yo”), que causó un gran impacto en los círculos científicos y que ha sido traducido a varios idiomas.
“Yo había leído casos sobre los Encuentros cercanos a la Muerte, pero nunca esperé experimentar uno. Mi ECM me parecía totalmente diferente a cualquier cosa que hubiera leído, porque no había luz brillante, túnel, ninguna figura religiosa, y no vi mi vida entera correr delante de mis ojos. Nunca fui muy religiosa y todavía no creo en ninguna religión particular, pero la experiencia por la que pasé fortaleció mi creencia en la espiritualidad y mi fe en una vida después de esta vida y, sobre todo, en el poder de nuestro propio ser superior o alma”.
La gente tiene mas temor a la muerte que al dolor. Es extraño que teman a la muerte. La vida duele mucho mas que la muerte. Cuando la muerte llega, el dolor termina.
Jim Morrison.
Este es el link de descarga del libro: www.bibliotecaespiritual.com/pdf_obras/anitamoorjanimueroporseryo.pdf
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